‘Hay que empujar al elefante reumático’

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Ejido Arroyo El Triunfo.

La sexta visita del presidente Andrés Manuel López Obrador a Tabasco se supo desde principio de mayo y hoy, 19 días después, esto es un hervidero.

Arroyo El Triunfo, un ejido con apenas medio millar de habitantes, es su nueva parada y está rebasado. No importa el día ni la lejanía del lugar que está a casi cuatro horas de distancia en automóvil, saliendo de Villahermosa; lo que vale es ver y escuchar al hombre que está llevando la Cuarta Transformación a todos los rincones del país, por más recónditos que estos sean.

Aquí, a más de 275 kilómetros de la capital del “infierno verde”, en los límites de México con Guatemala, donde comienza la Patria, entre carreteras rurales y parajes que dan testimonio de las disparidades sociales que envuelven al país, el Presidente de la República, de la mano del gobernador Adán Augusto López Hernández, hace escala este fin de semana para revisar los avances del programa federal “Sembrando Vida”, que en este camino del Sur, ayuda aliviar la ancestral pobreza y revive la esperanza de un mejor futuro.

Es el tercer domingo de mayo y el calor, contra los pronósticos, es indulgente. Refrescantes corrientes de aire apaciguan los rostros curtidos por el sol o empapados por el sudor y dan energía para que, sin importar la transpiración que impone a los cuerpos la humedad relativa en medio de la nada, se desarrolle la Asamblea Ejidal que reúne a aproximadamente mil 200 sujetos agrarios de la estrategia que en su meta ampliada va por la reforestación de 575 mil hectáreas y la generación de 230 mil empleos permanentes en el país, sólo en 2019.

Hacia el mediodía, el ánimo de la concurrencia se aviva. En el sonido local resuena la melodía Amanecer de mi Tierra, aquella que incita al amor, mientras que lo que primero se riega como un rumor comienza a tomar fuerza con tintes de realidad: “¡ahí viene, ahí viene!”, sueltan algunos para convertirlo en coro.

La larga espera termina. Se activa el resorte. Decenas se levantan de sus sillas; los que están a la espera en las laterales, corren a su encuentro; otros más aplauden. Las porras arrecian.

El Presidente y el Gobernador, ambos sonrientes y revitalizados por el calor de la gente, por las muestras de cariño y hasta por la bulla que se hace incomprensible al oído humano, ingresan como cualquier mortal al terreno sede del evento, caminando, hombro a hombro.

Uno de gorra, el Presidente y otro soportando estoico los rayos del sol, el Gobernador. Juntos atraviesan un corredor, delimitado por vallas, que se hace interminable por las decenas de manos que se extienden para entregarles alguna petición.

“¡Es un honor estar con Obrador!», la consigna convertida en grito de batalla por quienes apoyan al primer Presidente surgido del Sureste explota y contagia a los asistentes. “AMLO eres puro veneno para las ratas”, “Nos sumamos a la 4T: Productores de Chihua”, “No a la Mafia del Poder”, se lee en pancartas que ondean los campesinos para aderezar el reencuentro de López Obrador con sus paisanos, en su tierra, en su agua.

La visita tiene distintos matices, aunque “Sembrando Vida”, uno de los programas insignia de la 4T, es el protagonista. Nabucodonosor García Reyes, beneficiario de la iniciativa a cargo de la Secretaría de Bienestar, y el comisario ejidal de Arroyo El Triunfo, Víctor Manuel Gómez Farías, se desviven en elogios por el programa que sólo en la región de Los Ríos de Tabasco, conformada por Balancán, Tenosique, Emiliano Zapata y Jonuta, dará empleo permanente durante los siguientes siete años a más de 20 mil ejidatarios, pobladores en general y madres solas.

«Gracias a este apoyo mensual de cinco mil pesos -cuatro mil 500 en efectivo y 500 para generar un fondo de ahorro que asegure su permanencia aunque sea un año después de que acabe el sexenio- “ahora comemos bistejíto (sic), frijol del bueno, no frijol con gorgojos”, se sincera, de forma socarrona, don Nabucodonosor.

‘No hay divorcio con la gente’

Hoy es una jornada histórica en este punto de la geografía estatal. “Nunca un Presidente había venido hasta acá”, coincide la comunidad.

Es que “ya llegó su tiempo al Sur, al Sureste y al Plan Balancán-Tenosique y los vamos a sacar del abandono al que lo tuvieron confinados gobiernos anteriores… no voy a olvidarme de Tabasco, de mi tierra… vamos a cumplir todos los compromisos, no voy a fallarles”, promete, de entrada, el mandatario nacional, para corresponder al apoyo que emiten cientos de gargantas que le celebran todo.

Andrés Manuel no se guarda nada, porque, ironiza, su pecho no es bodega. Habla del olvido del campo, de la migración rural; cita estadísticas que evidencian cómo en las últimas dos décadas se despoblaron las regiones rurales, así como de su decrecimiento económico; pone el dedo en la llaga cuando desdeña “la parafernalia del poder” y revela lo mal que están la seguridad, la educación y el sistema de salud en México.

«En educación echamos abajo la mal llamada Reforma Educativa y serán reinstalados todos los maestros que fueron despedidos injustamente», refiere como uno de sus primeros logros de la Cuarta Transformación.

Se trata de un cambio, según su recuento, en el que significará también servicios y medicinas gratuitas para los mexicanos, porque estos «están por los suelos» y lo que definían como Seguro Popular, «no era seguro ni era popular».

La gente lo escucha extasiada. “Vamos a cambiar las cosas… me canso ganso”, desliza y arranca risas de felicidad, sinceras, honestas.

En su mensaje de más de 37 minutos, con el Gobernador de Tabasco y la secretaria de Bienestar, María Luisa Albores, expectantes, Andrés Manuel López Obrador revive los excesos del poder y confirma la creación de un instituto para «devolverle al pueblo lo robado», mismo que suplirá el tecnicismo de la Extinción de Dominio y que no es otra cosa más que todo lo que se confisque a la delincuencia organizada y de cuello blanco, será usado para apoyar a los más necesitados.

En ese instante, anuncia dos nuevas subastas del Gobierno Federal. La primera, el próximo domingo, para poner en venta todos los vehículos de lujo en poder de la Presidencia de la República, como las dos camionetas de primer mundo donada al Gobierno Mexicano, en el sexenio anterior, por el rey de Jordania. Lo que se obtenga será para invertirlo en el municipio más pobre del país. En la segunda se pondrán a subasta todas las lujosas residencias confiscadas al crimen organizado y a la clase corrupta, y los dividendos serán para reconstruir el camino Balancán-Arroyo El Triunfo. La promesa hace vibrar el aplausómetro.

Para ese momento no hay tedio, aburrimiento ni temperatura de 39 grados que opaquen la interlocución presidencial. Todos la siguen sin perder detalle y un amplio segmento de la concurrencia la inmortaliza, a través de sus equipos celulares, activados en modo video.

Remata su oratoria asegurando que no dará la espalda a la juventud mexicana y que en su sexenio sí habrá oportunidades para que salga adelante. Apela al apoyo de los ciudadanos para que lo ayuden no sólo a gobernar, sino a vigilar y ser guardianes de que todos los compromisos se cumplan.

Sentencia que aunque las cosas están cambiando en el país, aún persisten inercias heredadas del pasado reciente y eso hace que los beneficios de los nuevos programas sociales tarden en llegar de forma directa a los grupos vulnerables.

“El Gobierno no estaba preparado… sigue siendo un elefante reumático, mañoso”, acusa. – ¿Me van ayudar a empujar al elefante? -cuestiona a los ejidatarios, comuneros y pequeños propietarios, a manera de provocación. -¡Sííííí!- asientan todos, convencidos, como uno solo, en el epílogo de la asamblea.

 Aquí -puntualiza el Presidente- “no hay divorcio con la gente. Nada de que ya ganamos y cada quien a lo suyo”, concluye.